sábado 4 de julio de 2009

Rotondas de Leganés: "Homenaje al Milenio"

Esta estatua de José Noja, denominada “Homenaje al Milenio”, es conocida por todo el mundo como “la del Milenio”, a secas, y el homenaje se quedó por el camino. Debido a la forma que tiene, que recuerda a la parte de cada uno de la que nos desprendemos sin pesadumbre ni aflicción con la regularidad que nos dan los bífidos, algunos se refieren a ella con nombres escatológicos de poco gusto: así, la hemos oído llamar “El Zurullo”, “La Cagarruta”, “El Moñigo”, etc. En general denominaciones muy desafortunadas e indignas del ingenio popular leganense. ¡Quédese con el Milenio, y no lo meneemos más!
La estatua, que tiene una fuente que no suele funcionar, está ubicada en la gran plaza del Milenio, al lado del Centro Cívico José Saramago, en un lugar con vocación de convertirse en un punto urbano de referencia al centralizar la confluencia de tres grandes barrios: San Nicasio, Campo de Tiro y la ampliación de San Nicasio.
Esta estatua de acero inoxidable y de 19 metros de altura, es una clásica composición de nudos del autor arundense, de cuya serie tenemos en Leganés otras dos esculturas que iremos viendo. Con esta obra, Pepe Noja pretende simbolizar la esperanza con la cual los terrícolas recibimos hace unos años al actual milenio. Así, de un pasado intrincado, enmarañado y difícil como fue el milenio que terminó, y que está representado por los complejos y enredados nudos de metal de la base escultórica, surge imponente y soberbio el nuevo milenio, representado en un gran cilindro vertical, enhiesto, simple y limpio que se eleva hacia el cielo.
Con la referencia a esta obra es inevitable el recuerdo de ese cambio de milenio. ¡La que se montó fue parda! que diría un castizo de ahora. Para empezar, el lío de que si el milenio empezaba en el 2000 o en el 2001; todo el mundo opinaba: que si Cristo nació en el año cero, que si el cero no existe, que se empezó a contar desde el uno,… ¡Qué sé yo la cantidad de chorradas que se oyeron! El caso es que se celebró con el uno de enero de 2000, parece ser que un año antes de lo debido; pero gracias a Dios que fue así: un año más de debate tan absurdo hubiera conducido al suicidio a lo más granado de la humanidad.
Después estaban los “milenaristas” que esperaban el fin del mundo y auguraban grandes desastres; en este punto destacó notablemente por méritos propios un famoso modisto [curioso, la única profesión que conozco que acaba en “-ista” y que tiene masculino] que dijo que la MIR se saldría de su órbita espacial y caería ¡en París! No os digo nada con la caterva de brujos, expertos “nostradamistas”, videntes, neotemplarios,… y demás falsarios: los había por doquier. ¡Fue su época dorada!
Pero la repanocha vino por los informáticos. Esta gente, más raros que un perro verde y en cuyas manos hemos puesto nuestras vidas, comenzaron a decir que con el cambio de milenio todos los aparatos electrónicos dejarían de funcionar correctamente al faltarle dos dígitos en su programación: el 2 y 0 primeros. Los ascensores se detendrían en los rellanos, las centrales de energía se pararían, los pulmones artificiales se quedarían sin aliento, y lo peor… de la Playstasion sólo quedaría un pequeño punto de luz en el centro de la pantalla negra. ¡El caos! ¡Qué negocio montaron las empresas del sector! Técnicos reprogramando todo, pruebas y pruebas, nuevo software, nuevo hardware,…
Pero no pasó nada, los cacharros siguieron funcionando, no cayó nada del cielo y los desastres fueron los habituales. Eso sí, durante una semana subí y bajé por las escaleras, fui incapaz de acercarme a la tostadora por si acaso, y antes de salir de casa miraba al cielo, no se fuera a avecinar el Armagedón.

Salud y República

© Pumuki 2009

Fotografía de José Luis Sampedro.
Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 6
Asoc. Cultural EL ZOCO

lunes 8 de junio de 2009

Nuevo deporte olímpico para Madrid 2016

¡¡¡Un nuevo deporte olímpico para Madrid 2016!!!

sábado 16 de mayo de 2009

Homenaje a la Lengua Española

Una nueva rotonda

La avenida de la Lengua Española, en la rotonda que cruza con la calle de Las Bárdenas, cuenta con una escultura de acero corten y bronce titulada “Homenaje a la Lengua Española”. Obra del cordobés Aurelio Teno, se trata del monumento capital con el cual la ciudad de Leganés quiere rendir pleitesía a nuestra lengua común.

La obra es un testimonio de admiración del escultor a Cervantes y a su personaje más universal. Este Quijote leganense está en íntima relación con otras dos obras del autor que están dedicadas al mismo personaje y que están ubicadas en las capitales de los Estados Unidos y de Argentina: Washington, Buenos Aires y Leganés conforman el imaginario triángulo cervantino y atlántico de Aurelio Teno.

La escultura posee un acusado modelado expresionista, el autor nos representa a don Quijote alzando con sus brazos la cabeza, apenas esbozada, de Rocinante, ambas representaciones realizadas en bronce. Las figuras se erigen encima de un voluminoso libro de acero cortén. Parece que don Quijote quiere sobrepasar los estrechos márgenes de la palabra y, con su cabalgadura, alcanzar las más amplias expresiones del espíritu; de la misma forma que un idioma no sólo es un mecanismo, más o menos eficaz, de transmisión de información sino que es parte fundamental del acerbo cultural que define y conforma las sociedades de los hombres.

El conjunto escultórico está rodeado de flores en un homenaje agradecido y sentido de todos los leganenses a nuestra lengua común, y por extensión a don Quijote y a toda la miríada de personajes literarios, reales o de ficción, que nos permiten vivir desde el sofá, desde el metro, desde la piscina, desde…cualquier lugar, las más remotas aventuras, las más entusiastas pasiones y las más excitantes vidas.

El autor es un polifacético artista, nacido allá por el 1927, que manifiesta su visión artística en diversas formas: pintura, orfebrería, escultura, etc. Personaje de espíritu inquieto que en sus años mozos llegó incluso a ser novillero y qué como fruto de este diverso amalgama produce un arte plástico donde la abstracción y la figuración son capaces de encontrar sitios comunes en una misma obra.

Salud y República.

© Pumuki 2009

Fotografía de José Luis Sampedro.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 5

Asoc. Cultural EL ZOCO

El muerto cachondo

Tenía olvidado un poco el blog.
Retomamos la actividad con este simpático vídeo.


video

viernes 2 de enero de 2009

La Europa de María


Estos días he encontrado un comentario de “Epaminondas” en un Foro de Historia de la página “Agujero Negro” que me ha sorprendido y que reproduzco aquí:


Coincidiendo con la Inmaculada Concepción, hay un detalle que quizá no conozcáis sobre la historia europea reciente: la bandera de la Comunidad Europea, de la teóricamente secular y laica CEE, es un símbolo mariano, es decir, de la Virgen María. Sí, la bandera azul con doce estrellas amarillas viene de la representación de María como Reina del Cielo. Según confesión de Arsène Heitz, autor de la enseña, “inspirado por Dios, tuve la idea de hacer una bandera azul sobre la que destacaban las doce estrellas de la Inmaculada Concepción de Rue du Bac; de modo que la bandera europea es la bandera de la madre de Jesús que apareció en el cielo coronada de doce estrellas”.


La Rue du Bac es una calle de París donde la santa francesa Catalina Labouré tuvo una visión de la Virgen coronada de doce estrellas, en 1876. Dicha iconografía proviene de una cita del libro del Apocalipsis (12, 1): “una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. La bandera fue aprobada el 8 de diciembre de 1955, día de la Inmaculada Concepción.


Madonna in Glory, c. 1670. de Carlo Dolci


Pues sí. Cuando hace no mucho se planteó el debate sobre la mención de las “raíces cristianas” de Europa ante el proyecto de Constitución europea, nadie mencionó que nuestra divisa, el símbolo de la Unión, es ya claramente cristiana. Un proyecto que pretende ser aglutinador de distintos pueblos, idiomas, culturas y creencias tiene un emblema que alude a una religión que ha protagonizado los momentos más oscuros de la historia de nuestro continente. En fin, ver para creer.




lunes 11 de agosto de 2008

Los “Gigantes de Bellver” VIII: “Marqués de Leganés”


Bueno, parece que con los calores del estío llegamos al último gigante de Bellver. Nada menos que al Marqués de Leganés. Es compañero del anterior gigante, dedicado a Ventura Rodríguez, y así lo encontramos en el barrio de “Valdepé” en la rotonda donde confluye la calle Camino de Polvoranca con la avenida de Pablo Iglesias. Se trata de nuevo de una escultura con un marcado carácter geométrico. El personaje se nos presenta como un bravucón del siglo XVII con amplia capa, gola y grandes mostachos, que apoya altanero y altivo su mano izquierda en la cazoleta de la espada.

Desconocemos dónde se inspiró el autor para retratar al personaje, pero quizás tomo la idea del retrato del dibujante Antonio Carnicero que se publicó en 1791 en el libro "Españoles ilustres", y cuyo original, que reproduzco, se guarda en la Biblioteca Nacional. Dice la inscripción de la estampa:

D. DIEGO DE MESÍA Y GUZMÁN, I.º Marques de Leganés: famoso General de las Armas del Rey D. Felipe IIII. en Flandes, Lombardía, Cataluña, y Portugl. Murió en Madrid su patria en 16 de Feb.º del A.º 1655.


Efectivamente el I marqués de Leganés se llamaba Diego Messía y Guzmán, cuarto hijo del conde de Uceda [ojo no confundir con el duque del mismo nombre]. Este personaje tuvo la suerte de ser primo del conde duque de Olivares, todopoderoso valido de Felipe IV; y gracias a este parentesco, e imagino que alguna valía suya, pudo ascender en el escalafón militar, social y económico de su época. Llegó a ser general de los ejércitos del rey católico en Flandes, Portugal, Alemania y Cataluña; gobernador de Milán, presidente del Consejo de Flandes, y bastantes más cosas. Tuvo algunos éxitos sonados en su azarosa vida militar, destacando la victoria sobre los suecos en Nördlinguer (1634) o el victorioso socorro de Lérida de 1647; y otros sonoros fracasos: en Lérida en 1641 o en la toma de la fortaleza de Casale (1639).

En la serie de novelas del “Capitán Alatriste”, su autor, si duda bien intencionado pero mal aconsejado, le coloca en la toma de Breda (1624) que fue comandada por el que sería su suegro: Ambrosio Spinola, marqués de los Balbases; pero no es cierto, por aquel entonces, ni siquiera era todavía marqués de Leganés y andaba por Madrid intentando medrar en la caprichosa vida política madrileña de la época.

Lo cierto es que pudo comprar los derechos señoriales de la entonces aldea de Leganés (que desde ese momento pasó a ser villa), allá por el 1626, por unos 20.000 ducados [¡un fortunón!] y convertirse así en señor de vasallos, requisito imprescindible para poder gozar de un título nobiliario. En estas, al año siguiente, el rey Felipe IV le otorgó el título de Marqués de Leganés, título con el alcanzaría, nada más y nada menos, que la Grandeza de España en 1641; en tan sólo catorce años paso de ser un simple caballero de Santiago a Grande de España, algo verdaderamente insólito para la época. Una vez titulado se cambió el nombre y pasó a llamarse Diego Felípez de Guzmán, en honor a sus benefactores.

En su vida se le acusó de aprovecharse de sus cargos y de enriquecerse ilícitamente; incluso tras la muerte de su protector (Olivares, en 1643) sufrió un duro proceso judicial en que le acusaron de robar y de cobardía en el Sitio de Lérida de 1642, pero no pudieron demostrar nada y volvió a dirigir los ejércitos de Felipe IV en la guerra franco-catalana y portuguesa en los años siguientes.

Murió en 1655 en su espléndido palacio que se situaba entre las actuales calles de San Bernardo, Flor Alta, Libreros y Marqués de Leganés de Madrid. Aparte de este palacio tuvo otra grandiosa casa en Morata de Tajuña (los herederos al marquesado de Leganés son marqueses de Morata) y en nuestra ciudad una casa de campo, a la que se referían como la “Huerta de Leganés” que ocupaba la amplia zona que se comprende entre la calle Getafe y las avenidas de Fuenlabrada, Gibraltar y Martín Vegué. En estas viviendas estaba diseminada su magnífica colección de pinturas que llegó a contar con 1.333 obras en el momento de su muerte, siendo una de las mayores colecciones privadas de arte de su época no solo de España sino de toda Europa.

La línea del marquesado quedó sin sucesión directa tras la muerte sin descendencia del nieto del primer marques en 1711, así el título familiar pasó a engrosar la ya gorda lista de títulos de la Casa de Altamira que llegó a tener acumuladas ¡14 Grandezas de España! Actualmente el título de marqués de Leganés (el XIV) lo posee Gonzalo Barón y Gavito (que es también duque de Sessa, de Atrisco y conde de Altamira entre otros títulos) y parece que vive en México D.F.

Si tenéis interés en saber algo más de este personaje os recomiendo el artículo “El I marqués de Leganés. Apuntes biográficos (I)”, de Francisco Arroyo Martín publicado en su blog El arte de la Historia. [El artículo completo en PDF aquí]

Y así acabamos la serie de los gigantes de Bellver, pero seguiremos con las demás rotondas hasta glosarlas todas, o hasta donde lleguemos.

Salud y República.

© Pumuki 2008

Fotografía de José Luis Sampedro, propiedad del Ayto de Leganés, tomada del libro de Carlos José López de la Cruz, “Leganés. Agua, Tierra y Gentes”. Madrid, 2006. pág. 44.

sábado 14 de junio de 2008

Los “Gigantes de Bellver” VII: “Ventura Rodríguez”


Para encontrar otro gigante de Bellver fuera de Zarzaquemada tenemos que irnos hasta el barrio más “chic” de Leganés: Valdepelayo (o “Valdepé”, esto dicho con voz nasal y pronunciación indolente; a lo pijo, vamos). Y allí, en la calle del Camino de Polvoranca, en una bonita rotonda que cuenta con una cuidada y florida rosaleda que alegra la vista a los que entran o salen de la ciudad por esta calle, carretera o camino, que todo lo parece y nada lo es, nos encontramos con la estatua que Fernando Bellver dedicó a Ventura Rodríguez.

La obra presenta idénticas cualidades que sus hermanas: la figura “geometrizada” del retratado que porta en sus manos elementos característicos de su profesión de arquitecto, y en este caso una reproducción de la construcción por la cual aparece representado en la serie; que no es otra que la Iglesia o Ermita (que ambas cosas ha sido) de San Nicasio. Ventura Rodríguez se yergue majestuoso sobre la reproducción a escala de la iglesia nicasiana, dejando claro la simbiosis de los dos elemento de la composición.

La iglesia de San Nicasio es una construcción neoclásica, en la cual destaca su elegancia estructural y su diseño sobrio y templado. Tiene planta de cruz griega que soporta una gran cúpula central que domina e ilumina todo el espacio interior del templo. En el exterior, cada uno de sus brazos se rematan con un frontón triangular, que en la portada se sujeta en pilastras adosadas a modo de atrio.

Pero volvamos al homenajeado. ¿Qué podemos decir de Ventura Rodríguez Tizón?

Pues, aparte de indicar que es uno de los arquitectos más importantes y prolíficos del siglo XVIII en España, se trata de un personaje muy interesante por su evolución vital. Nació en Ciempozuelos allá por el 1717, y pesar de que llegó incluso a ser arquitecto de la Corte (merced que perdió en favor de Sabatini, compañero suyo en este Club de la Fama de Leganés, como hemos visto) era un autodidacta de orígenes muy modestos, ya que su padre era un modesto albañil que trabajaba en las obras del Real Sitio de Aranjuez. El joven Ventura destacó muy pronto por su habilidad y maestría para el dibujo, lo que le permitió dejar la mampostería y la paleta por el cartabón y los carboncillos.

El arquitecto Filipo Juvara, proyectista del Palacio Real de Madrid, le acogió como delineante y en esta obra trabajó durante muchos años, aprendiendo el oficio de Juvara y de su sucesor Giovanni Battista Sacchetti. Su aprendizaje lo culminó cuando en 1747 fue nombrado académico de mérito de la prestigiosa Academia de San Lucas de Roma.

En esos años llevó a cabo una de sus obras de mayor trascendencia, la magnífica y conocida iglesia madrileña de San Marcos que diseñó en 1749 y se acabó cuatro años después. A partir de aquí su obra fue mucha y muy variada, así destacar la terminación de la Basílica del Pilar en Zaragoza, el “transparente” de la catedral de Cuenca, la remodelación definitiva del monasterio de la Encarnación en Madrid, el convento de los agustinos de Valladolid, la iglesia del monasterio de Santo Domingo de Silos, la fachada de la catedral de Pamplona, el palacio de Liria, el de los Altamira (en 1773-75, entonces marqueses de Leganés), como maestro mayor del ayuntamiento de Madrid diseñó y modificó el plano urbano de la ciudad, y destacó en numerosísimas obras civiles: la cárcel de Brihuega, la plaza mayor de Ávila, el ayuntamiento de la riojana ciudad de Haro, el sanatorio de Trillo o el Hospital General de Madrid,… y así podríamos seguir un buen rato.

La ermita de San Nicasio debió de ser proyectada por el arquitecto en los años que tuvo relación con los titulares del marquesado de Leganés cuando les construyó el espléndido palacio de la calle San Bernardo y Flor Alta de Madrid, que quedó inconcluso y que en su momento pretendía rivalizar nada más y nada menos que con el cercano Palacio Real. Por lo tanto, podemos fijar la fecha de construcción en los últimos años de su vida, entre 1775 y 1785, año en el que falleció en su estudio de Madrid. La ermita está inspirada en la iglesia de San Marcos de Madrid y es muy similar, casi idéntica, al sagrario que el arquitecto proyectó para la catedral de Jaén

Por último hay que señalar que todo esto está muy bien y tal, pero que Ventura Rodríguez debía ser recordado y casi elevado a los altares por un trabajo suyo apenas reconocido. Este hombre es el que diseñó… ¡la Cibeles!, si bien los escultores fueron Francisco Gutiérrez (la diosa y el carro), Roberto Michel (los leones) y Miguel Ximénez (adornos florales). Sólo por este motivo, y la identificación posterior entre su obra y el “Madrí” [¡qué luce orgulloso en su escudo el color republicano por antonomasia: el morado, y del que hay que retirar la corona ya!], merece estar en todas las estatutarias del mundo mundial, como diría Manolito.

Salud, República y ¡Hala Madrid!

© Pumuki 2008

Fotografía de José Luis Sampedro, propiedad del Ayto de Leganés, tomada del libro de Carlos José López de la Cruz, “Leganés. Agua, Tierra y Gentes”. Madrid, 2006. pág. 205.

domingo 11 de mayo de 2008

Los “Gigantes de Bellver” VI: “Juan de Austria”

El último gigante de Bellver de Zarzaquemada está en la rotonda en la que confluye la calle de Las Bárdenas con la de La Rioja. El escultor nos ha presentado al personaje con gran mostacho, tocado con un casco guerrero y armado con una gran espada, demostrando a todo el mundo el espíritu guerrero y el arrojo del personaje. También nos ha querido mostrar el aspecto cortesano y señorial con la gorguera que adorna y ensalza el torso del retratado. Todo con acusadas y grandes formas rectangulares que forman el metal de acero corten de la estatua.

El retratado es Juan de Austria, quien, entre sus muchos méritos, tuvo uno que a nosotros nos lo hace especial: que vivió algunos años en Leganés cuando era un niño y eso le da derecho a pertenecer al club de la fama leganense. Para glosar la figura del retratado tomo un párrafo del artículo “Leganés, ciudad cervantina” escrito por Francisco Arroyo: En Zarzaquemada nos encontramos la estatua del…

… más insigne, excelso y eximio vecino que jamás haya tenido Leganés. Nada más y nada menos que un hijo de Carlos primero de Castilla y quinto de Alemania; bastardo, eso sí, pero infante de Castilla e infante de Leganés también; conocido por la Historia como don Juan de Austria y por sus vecinos de Leganés como Jeromín. Era hijo natural del César y de Bárbara de Blomberg y nació en Ratisbona allá por el 1545.
Con tan sólo cinco años llegó a Leganés un misterioso niño, del que sólo se sabía que “era hijo de persona principal”; acudió de la mano del ayuda de cámara del emperador Carlos, Adrian de Bois, quien lo alojó en la casa de Ana de Medina, natural del lugar, y de Francisco Massay, músico flamenco de la corte que tocaba la vihuela de arco; y lo puso a cargo del cura, don Bernabé Vela, persona de confianza de Luís Méndez de Quijada, quien, a su vez, era mayordomo del emperador. Parece ser que don Bernabé ponía interés, pero la educación del infante no era la más adecuada; Jeromín dedicaba más tiempo a tirar con ballestilla a los pájaros que al estudio y a su adecuada formación. Por esta razón se decidió, cuatro años más tarde, trasladarle a Villagarcía de Campos, donde, bajo la tutela de la mujer de Luís Méndez de Quijada, doña Magdalena de Ulloa, culminó su formación y preparación.
A buen seguro que don Juan de Austria no olvidaría estos años en Leganés donde pudo disfrutar de un grado de libertad que, con toda probabilidad, le sería desconocido más tarde. Parece, además, que a pesar de estar destinado por su padre a hacer carrera eclesiástica, sus correrías por las huertas de Leganés y los desdichados pajarillos le predestinaron a la carrera de las armas. Haciendo uso de esta profesión y bajo el mandato de su hermano Felipe II, gobernó y condujo la armada católica que destruyó a la flota turca en Lepanto con tan sólo veintiséis años. No hay que olvidar, pues, que este paisano nuestro también dirigió en esa ocasión al mayor ingenio de la literatura castellana, a Miguel de Cervantes Saavedra, y dichosamente con fortuna.


Por hilar el hilo: ¿fue Juan de Austria militar gracias a sus correrías infantiles en Leganés?; ¿gracias a su habilidad militar derrotaron los españoles a los turcos?; ¿se salvó Cervantes de la muerte por su destreza militar?; ¿le permitió esta experiencia a Cervantes escribir el Quijote?; ¿debe la existencia del Quijote algo a Leganés?...


Salud y República
© Pumuki 2008

Fotografía:
Estatua de Bellver: propiedad del Ayto de Leganés, tomada de “Arte para todos”. Madrid, 2005. pág. 218.

domingo 20 de abril de 2008

Los “Gigantes de Bellver” V: “José de Churriguera”

En Zarzaquemada sur hay otras dos estatuas de la serie de Bellver. En la rotonda donde se cruzan las calles de La Lora con la de La Alcarria nos encontramos la que rinde homenaje a José Benito de Churriguera, uno de los más grandes escultores barrocos de nuestro país. Como ya hemos visto en el resto de estatuas de la serie, cada personaje está representado por algún artilugio que le caracteriza; en este caso, el escultor contemporáneo ha representado a su colega de antaño con las principales herramientas del escultor un martillo y un cincel, que al tratarse de un tallista se trata de un mazo y de un formón o gubia.

José Benito de Churriguera fue uno de los más prestigiosos arquitectos y escultores del barroco español. Su padre era ya arquitecto y tracista, lo fueron sus hermanos y lo serán sus hijos, todos se dedicaron con mayor o menor fortuna al oficio familiar; pero José Benito destacaría por su peculiar estilo en la decoración de los edificios barrocos que construyó y por la realización de numerosos retablos religiosos en madera con un estilo inconfundible.

A pesar de que sus orígenes familiares son catalanes, nuestro homenajeado nació en Madrid en 1665, donde moriría 60 años más tarde. Estudio en Salamanca, y en esta ciudad fue donde realizó sus primeras obras, entre las cuales hay que destacar una de las torres de la catedral y el retablo mayor del convento de San Esteban, del cual el nuestro es un aventajado émulo.

Una vez terminada su formación, volvió a Madrid donde instaló su taller en la calle del Oso. En Madrid son numerosísimas sus obras, entre las cuales, los que entienden, destacan el retablo de la iglesia de san Pedro el Viejo, la fachada de san Cateyano y el palacio de Goyeneche (hoy la sede de la Academia de san Fernando), entre otras muchas.

Pero su inclusión en el exclusivo club de la fama de Leganés, no se debe a su numerosa obra ni por haber dado nombre a todo un estilo artístico; se debe a que es el autor del retablo mayor de la iglesia de San Salvador.

El retablo fue un encargo de todo el pueblo de Leganés que se sufragó fundamentalmente con un impuesto especial sobre el vino y la carne que se comercializaba en la villa. Así, en 1701 se pudo contratar con el ya muy prestigioso creador la construcción del retablo por 55.000 reales de vellón; una cantidad muy considerable que aún hubo de aumentar en más de 12.000 reales, que en gran parte fueron pagados por Diego Felípez de Guzmán, a la sazón III marqués de Leganés y señor de la villa en esos años.

El retablo se terminó en 1704 y se trata de una gran talla barroca en la cual destacan las cuatro grandes columnas salomónicas que enmarcan el gran cuadro central que representa la transfiguración de Cristo y es obra de Francesco Leonardoni. Las columnas sustentas cuatro magníficas tallas que representan las cuatro virtudes teologales (fe, esperanza, caridad y fortaleza); y entre los intercolumnios hay otras cuatro tallas de los otros tantos evangelistas. En la cabecera del retablo es destacable la figura del Dios Padre que parece asomarse a un balcón y querer acoger en su seno a toda la composición. Entre medio, la figura del Espíritu Santo en forma de ave rodeado de ángeles musicales completa el misterio trinitario. Pero toda la decoración es profusa, desbordante, exuberante…, y con multitud de detalles de absoluto primor: racimos de frutas, guirnaldas y en especial cabezas de angelotes de una expresividad fuera de lo común.

Los contemporáneos así lo debieron sentir, pues a los pocos años le encargaron otros dos retablos para los testeros de las dos naves laterales de la iglesia. En conjunto se trata de una obra de gran valor artístico de la cual todos los leganenses nos debemos sentir tremendamente orgullosos.

Salud y República
© Pumuki 2008

Fotografías:
  • Estatua de Bellver: propiedad del Ayto de Leganés, tomada de “Arte para todos”. Madrid, 2005. pág. 221.
  • Retablo: propiedad del Ayto de Leganés, tomada de “Leganés. Una ciudad, una historia”. Madrid, 1994. pág. 60.

viernes 4 de abril de 2008

Rotondas de Leganés: "Juan de Leganés"

En Zarzaquemada norte queda aún otra estatua de la serie de los “Gigantes” que está ubicada en la rotonda en la que confluyen las calles de Monegros, Priorato y Pedroches. En este caso, Fernando Bellver ha querido homenajear con esta escultura a Juan de Leganés. Este personaje nació en el lugar en torno al año 1600 y su verdadero nombre era Juan Monje, si bien todos sus paisanos le conocían por el apodo de “Aticón”. Fue muy famoso y renombrado en el siglo XVII ya que poseía la inusitada habilidad de resolver mentalmente complicados cálculos aritméticos a una velocidad endiablada.

Pero antes de comentaros brevemente los datos biográficos de este personaje, conviene glosar la escultura. En este caso, y como no podía ser de otra forma, el autor ha mantenido los rasgos compositivos esenciales del resto de las esculturas de la serie; así se trata de una gran columnata cilíndrica en la cual se apoya, a modo de pilar férreo, un torso donde se vislumbra una figura humana marcada por profundos y acusados elementos geométricos que dan forma antropomorfa al conjunto. Como hemos visto, en todas las esculturas de la serie, el autor ha introducido un elemento característico con el cual pretende recoger la esencia del personaje, en este caso a Juan de Leganés le ha representado con un libro o pliego de papel que la figura sujeta con su mano derecha; lo que no deja de ser curioso, ya que uno de los pocos rasgos que se conocen de este personaje, precisamente es su analfabetismo.

A este respecto me vienen a la memoria haber leído en algún lugar que ahora no recuerdo, que Juan de Leganés era un prestigioso matemático de la época, confundiendo, sin duda, su destreza fuera de lo común para el cálculo mental, con el conocimiento de una de las ciencias más complejas del saber humano. Quizás le pasó algo parecido a nuestro escultor; sin duda, bien intencionado, pero posiblemente mal informado.

Juan Monje era hortelano hijo de hortelano y nieto de hortelano, y como tal acudía todos los días a vender sus productos al madrileño mercado de la plaza de La Cebada; allí era muy conocida su rara habilidad, y a él acudían los tratantes, los arrieros, las verduleras, los volatineros y demás gentes que atestaban la lonja con problemas de cálculo cada vez más complicados que el joven leganense resolvía en un santiamén. Su fama fue aumentando cada vez más, y con el tiempo se convirtió en un foco de atracción al que acudían todos los que visitaban la Corte a comprobar en persona las maravillas que les contaban sus amigos y conocidos; de esta forma el ruidoso y bullicioso mercado se convirtió en una visita casi obligada.

Tanto fue el ruido que se armó que llegó el rumor a Pedro de Arguello, médico en la Corte de Felipe IV, que quiso comprobarlo con sus propios oídos. De esta forma acudió una mañana al mercado y después de constatar la certeza de tan rara habilidad, le dijo que si podría repetirlo ante el rey, a lo que nuestro atrevido paisano dijo que sin dudarlo. Y para el alcázar madrileño se fue.

No pareciendo apropiado el apellido paterno, [parece ser que tenía reminiscencias judeo-conversas] buscaron otro más a propósito para presentarlo ante el rey; y al igual que don Quijote en la novela cervantina escogió como sobrenombre el de su patria, hicieron lo mismo con "Aticón"; así uno fue don Quijote de La Mancha y el otro fue Juan de Leganés. Tanto fue el éxito y tanto gustó al joven y cuarto Felipe, que le ordenó que se quedara en palacio como uno más de la cohorte de raros y estrafalarios personajes que atestaban la residencia del monarca español, y de los cuales, Velázquez nos ha dejado buena muestra con sus retratos.

La fama y popularidad de este hombre fue tan grande en sus años de vida que Quevedo y Lope llegan a citarle en varias de sus obras, en particular es muy conocida la cita que hace Quevedo en "El Buscón", donde dice: «Los rufianes hicieron la cuenta, y vino a montar de cena sólo treinta reales, que no entendiera Juan de Leganés la suma»

Salud y República
© Pumuki 2008

¡Espero que vuelvas pronto por aquí!

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