Esta estatua de José Noja, denominada “Homenaje al Milenio”, es conocida por todo el mundo como “la del Milenio”, a secas, y el homenaje se quedó por el camino. Debido a la forma que tiene, que recuerda a la parte de cada uno de la que nos desprendemos sin pesadumbre ni aflicción con la regularidad que nos dan los bífidos, algunos se refieren a ella con nombres escatológicos de poco gusto: así, la hemos oído llamar “El Zurullo”, “La Cagarruta”, “El Moñigo”, etc. En general denominaciones muy desafortunadas e indignas del ingenio popular leganense. ¡Quédese con el Milenio, y no lo meneemos más!La estatua, que tiene una fuente que no suele funcionar, está ubicada en la gran plaza del Milenio, al lado del Centro Cívico José Saramago, en un lugar con vocación de convertirse en un punto urbano de referencia al centralizar la confluencia de tres grandes barrios: San Nicasio, Campo de Tiro y la ampliación de San Nicasio.
Esta estatua de acero inoxidable y de 19 metros de altura, es una clásica composición de nudos del autor arundense, de cuya serie tenemos en Leganés otras dos esculturas que iremos viendo. Con esta obra, Pepe Noja pretende simbolizar la esperanza con la cual los terrícolas recibimos hace unos años al actual milenio. Así, de un pasado intrincado, enmarañado y difícil como fue el milenio que terminó, y que está representado por los complejos y enredados nudos de metal de la base escultórica, surge imponente y soberbio el nuevo milenio, representado en un gran cilindro vertical, enhiesto, simple y limpio que se eleva hacia el cielo.
Con la referencia a esta obra es inevitable el recuerdo de ese cambio de milenio. ¡La que se montó fue parda! que diría un castizo de ahora. Para empezar, el lío de que si el milenio empezaba en el 2000 o en el 2001; todo el mundo opinaba: que si Cristo nació en el año cero, que si el cero no existe, que se empezó a contar desde el uno,… ¡Qué sé yo la cantidad de chorradas que se oyeron! El caso es que se celebró con el uno de enero de 2000, parece ser que un año antes de lo debido; pero gracias a Dios que fue así: un año más de debate tan absurdo hubiera conducido al suicidio a lo más granado de la humanidad.
Después estaban los “milenaristas” que esperaban el fin del mundo y auguraban grandes desastres; en este punto destacó notablemente por méritos propios un famoso modisto [curioso, la única profesión que conozco que acaba en “-ista” y que tiene masculino] que dijo que la MIR se saldría de su órbita espacial y caería ¡en París! No os digo nada con la caterva de brujos, expertos “nostradamistas”, videntes, neotemplarios,… y demás falsarios: los había por doquier. ¡Fue su época dorada!
Pero la repanocha vino por los informáticos. Esta gente, más raros que un perro verde y en cuyas manos hemos puesto nuestras vidas, comenzaron a decir que con el cambio de milenio todos los aparatos electrónicos dejarían de funcionar correctamente al faltarle dos dígitos en su programación: el 2 y 0 primeros. Los ascensores se detendrían en los rellanos, las centrales de energía se pararían, los pulmones artificiales se quedarían sin aliento, y lo peor… de la Playstasion sólo quedaría un pequeño punto de luz en el centro de la pantalla negra. ¡El caos! ¡Qué negocio montaron las empresas del sector! Técnicos reprogramando todo, pruebas y pruebas, nuevo software, nuevo hardware,…
Pero no pasó nada, los cacharros siguieron funcionando, no cayó nada del cielo y los desastres fueron los habituales. Eso sí, durante una semana subí y bajé por las escaleras, fui incapaz de acercarme a la tostadora por si acaso, y antes de salir de casa miraba al cielo, no se fuera a avecinar el Armagedón.
Salud y República
© Pumuki 2009
Fotografía de José Luis Sampedro.
Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 6
Asoc. Cultural EL ZOCO











